Un sistema sin creatividad es un sistema frágil.

En determinados entornos industriales todavía se entiende la creatividad como algo propio del diseño, la comunicación o el marketing.

En operaciones, ingeniería o prevención parece que lo importante es otra cosa: método, conocimiento técnico, procedimientos y disciplina.

Sin embargo, la creatividad aplicada a la industria tiene bastante poco que ver con hacer algo más atractivo. Sirve, sobre todo, para resolver problemas cuando la respuesta técnicamente correcta no funciona suficientemente bien en la práctica.

Un buen ejemplo son los procedimientos.

Podemos tener un documento impecable: diecisiete páginas, decenas de puntos, excepciones perfectamente documentadas y todas las referencias necesarias. Desde el punto de vista formal quizá no haya nada que objetar.

La pregunta interesante es otra: ¿puede utilizarlo una persona mientras trabaja?

Porque en ese momento el sistema espera que alguien lea, recuerde, interprete y ejecute correctamente una cantidad considerable de información mientras atiende a la tarea, al entorno, al tiempo disponible y a todo lo demás que ocurre alrededor.

Es ahí donde la creatividad empieza a ser una cuestión operativa.

Quizá el problema no consista en escribir mejor esas diecisiete páginas, sino en identificar qué decisiones son realmente críticas y buscar la forma de que una persona pueda reconocerlas y ejecutarlas con facilidad.

La solución puede ser una instrucción visual, una secuencia diferente, un poka-yoke, una señal incorporada al propio equipo, una modificación del puesto o incluso la eliminación de una decisión que nunca debería haber dependido del operador.

Eso también es creatividad.

No consiste en hacer más bonito el procedimiento, sino en transformar complejidad técnica en comportamiento posible.

Puede convertir documentos en acciones, riesgos complejos en decisiones comprensibles y formación en algo que realmente pueda utilizarse cuando hace falta.

Y esto tiene una consecuencia importante para la seguridad.

Cuando un sistema solo funciona si las personas recuerdan siempre todo, interpretan correctamente toda la información y nunca se equivocan bajo presión, quizá estemos atribuyendo a las personas un problema que en realidad pertenece al diseño.

Un sistema robusto debería asumir que existe presión, que la atención es limitada, que olvidamos cosas y que las condiciones reales rara vez se parecen del todo a las previstas sobre el papel.

Ahí es donde el pensamiento creativo deja de ser una habilidad accesoria y se convierte en una herramienta de ingeniería y prevención.

El Future of Jobs Report 2023 del World Economic Forum reforzó esta idea desde otra perspectiva. El pensamiento creativo aparecía como la segunda competencia básica más valorada por las empresas, únicamente por detrás del pensamiento analítico, y las organizaciones encuestadas esperaban que su importancia siguiera creciendo.

En industria no hace falta esperar al futuro para comprobarlo.

Cada vez que alguien simplifica una tarea sin perder control, rediseña una instrucción para que pueda utilizarse realmente o encuentra una manera de reducir una dependencia innecesaria de la memoria humana, está utilizando creatividad.

Y probablemente esté haciendo también buena prevención.

Por eso la cuestión no es si una organización industrial necesita personas creativas.

Resulta más interesante preguntarse si les damos margen para cuestionar una solución técnicamente correcta cuando la realidad demuestra que no funciona demasiado bien.

Porque un sistema que necesita personas perfectas para funcionar no es un sistema exigente.

Es un sistema frágil.


Lectura que dio origen a esta reflexión

World Economic Forum, The Future of Jobs Report 2023, 30 de abril de 2023.

https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2023

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